¿Sabes...?
Al verte sé que pareces
a mi pueblo y a mi tierra:
tan profundos y mojados
como el surco del labriego,
tus ojos son las estrellas
que siempre alumbran mi cielo,
y tiene tu andar mi río,
cuando en la orilla de arenas
el viento lleva tu pelo.
Veo dos cerros altivos
y el sol sobre los trigales
reflejándose en tu cuerpo,
tienes un valle escondido,
donde a veces yo me duermo
y me despierta el murmullo
de tu voz de arroyo fresco.
Cómo te late la vida:
late igual, allá, en mi pueblo...
Si al verte a mi me parece
que nunca habría partido
o siempre estoy de regreso.
Hasta tienes la postura
de orgullosa mansedumbre
capaz de llevar banderas
y desatar servidumbres.
Eres igual que mi tierra:
miel salvaje en el camino,
madre dulce y hembra fuerte,
capaz de parir los hijos
y ser dolor de simiente;
tomar el hierro y el fuego
para luchar en el frente
y arroparme de tibiezas
con tu desnudez reciente.
Así te veo y pareces,
cuando te miro de frente,
cuando me das tu sonrisa
de amanecer diferente.
Eres huella en mi paisaje
de palomas y maizales,
cuando tus brazos me extiendes
y te me acercas entera,
cuando los míos se ciernen
a tu perfil de ladera.
Así te veo y pareces:
como mi tierra y mi pueblo,
de donde nunca he partido
o siempre estoy de regreso.
lunes, 31 de marzo de 2008
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